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Efraín opina de la inseguridad pública

El análisis comparativo de nuestros índices de criminalidad, con los de la región o con el de las anteriores administraciones, sin dudas es favorable al gobierno, aunque no pasa de un raciocinio mediocre, a través del cual se busca consuelo con el “mal de muchos…”. Asimismo, se trata de un argumento infantil que la mayoría de las veces deja al desnudo: la cortedad, la indolencia o sencillamente la incompetencia de quienes son responsables de que el Estado cumpla con sus deberes.

Los números de delitos, en especial los homicidios (ejecuciones), asustan y la preocupación está instalada en la sociedad, particularmente por lo que puede llegar a venir… Convengamos en que no hay un ministro del interior que por arte de magia haga desaparecer los delitos, porque cierto es que la génesis de la criminalidad que estamos padeciendo, obedece a graves problemas de orden social y sólo de orden social. Pero principio tienen las cosas, y hoy se impone ponerle un freno a la delincuencia.

Entendemos que el gobierno, concretamente el ministro, no se puede dar el lujo de despreciar la ayuda que, inspirado en la mayor buena fe y espíritu de buen servir, desde hace tiempo le está ofreciendo Cabildo Abierto.

En efecto, sabido es que el senador Guido Manini Ríos le arrimó oportunamente al entonces ministro Larrañaga, un memorando conteniendo sugerencias para mejorar la seguridad, cosa que también hizo con el actual ministro Luis Alberto Heber. Sin embargo, hasta ahora, no se han tenido en cuenta sus propuestas. ¿El motivo?, habría que preguntárselo al señor ministro.

Cabildo Abierto cuenta con distinguidos profesionales como asesores en seguridad, amén de que su líder no es médico, ni escribano, ni comerciante. Es un general del ejército que, salvando contextos, alguna idea sobre tema tiene…

El tema de seguridad no pasa porque el señor ministro recorra los comercios montevideanos por la noche, auscultando la percepción que tienen los baristas y clientes sobre la seguridad de la zona. Eso es competencia del comisario de la seccional o de algún veterano Suboficial.

El ministro, junto a su Estado Mayor, está para diseñar la “política de seguridad”, planificarla y supervisarla. La táctica y las operaciones, incumben a profesionales. Los mejores policías son quienes deben asesorar al jefe político y no solo en estrategias, tácticas, técnicas, sino también sobre: liderazgo, autoridad, mando, instrucción, disciplina y otros tantos aspectos vitales de una institución compleja, como lo es la Policía.
En otro orden, y más allá del carácter reservado de la sesión parlamentaria, no es doctrinariamente apropiado dar a conocer planes que entiendo son clasificados “SECRETO”, fuera del ámbito de competencia natural; ergo resulta decir, la Policía Nacional.

La patriada exige primordialmente voluntad de cambio, seguido de competencia y compromiso con la tarea. Hablamos de una policía eficiente; de una Justicia que – en honor a su nombre -, le dé a cada uno (víctimas y victimarios) lo que le corresponda; y de un renovado sistema carcelario …

Sobre la solución de fondo, no es novedad decir que, para intentar revertir esta adversidad a un mediano y largo plazo, se imponen profundos cambios a nivel social, donde: la familia y la educación en todas sus facetas, son el único camino para llegar a lo que pareciera es un objetivo inalcanzable.

La seguridad pública, esa que posibilita el estudio, el trabajo, el desarrollo, la convivencia en armonía y el regocijo de los ciudadanos, es un asunto de “interés nacional”. Por tanto, no hay lugar para narcisismos partidarios, y mucho menos para perversidades ideológicas.

Nunca tan actual, aquella sentencia artiguista que reza: “La causa de los pueblos no admite la menor demora…”

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