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LA OFERTA EDUCATIVA

“Ya no pueden quedar mentes brillantes por el camino, como consecuencia de la falta de oportunidades educativas en el Norte del país que, en definitiva, no se generan por la desidia de los gobernantes radicados en la capital y de representantes nacionales que no le han puesto un poquito de pienso, a un tema tan importante como este.”

En nuestro país, hace ya mucho tiempo que los gobiernos dependen de delicados equilibrios de articulación entre partidos coaligados, por lo general, con fines esencialmente electorales. Motivo por el que incluso, la designación de los equipos de gobierno padece cierta fragilidad.

En las últimas dos décadas, la coalición frenteamplista gobernó durante quince años, con diferentes composiciones en su interna; a veces pesaban más los sectores de origen marxista; en ocasiones, los populistas o pragmáticos.

En el actual período, la “coalición republicana” ha permitido la recuperación del peso electoral a los partidos tradicionales, junto con un partido emergente, como Cabildo Abierto, de indudable proyección nacional.

Ahora bien, existen áreas estratégicas, como la educación, que no debieran estar expuestas a los vaivenes de la política gubernamental. Es decir, no es sensato que, ante cada cambio del signo de la coalición gobernante, se operen modificaciones en los criterios de inversión en educación, o en los objetivos concretos que se han previsto alcanzar a mediano y largo plazo.

Así como en materia económica, desde hace décadas, ya nadie discute que el control de la inflación es parte constitutiva de cualquiera de las planificaciones económicas de gobierno; de la misma forma debiéramos definir políticas de Estado, en lo que concierne a la educación y formación académica de los habitantes del país.

Pero, además, en zonas fronterizas de la singularidad de Rivera y Santana do Livramento, se han realizado significativas inversiones en materia educativa (en instalaciones de nivel medio y superior, fundamentalmente), tanto por parte de Uruguay, como de Brasil.

Asimismo, se han implementado acuerdos sobre el dictado de cursos binacionales, experiencia a partir de la cual se debería fomentar un mayor intercambio en una zona social y comercialmente integrada; a modo de ejemplo, ofertar una mayor cantidad de cursos -con certificación en ambos países- que se sumarían a los que hoy ya se imparten entre UTU e IFSUL (Instituto Federal del Sur) desde el año 2012 o posgrados, como el de robótica e inteligencia artificial que se dicta desde 2019 entre la UTEC y la FURG (Universidad Federal del Río Grande del Sur – Brasil). Por tal motivo, considero que es hora de profundizar las políticas de acuerdo binacional, de manera de optimizar el uso de los recursos materiales y humanos, invertidos por ambas naciones.

La Universidad de la República, que afortunadamente desembarcó en Rivera hace ya algunos años y hoy es parte de un espléndido polo educativo, en ocasión de la pandemia puso en práctica estrategias educativas que vinieron a comprobar la viabilidad de implementar en forma exitosa, cursos de formación a distancia. No obstante, resulta inexplicable que, apenas superada la etapa de aislamiento por razones sanitarias, se retrocediera a la situación previa o de forma parcial, en cuanto a la oferta educativa en dicho modo de formación.

Recuerdo que, en el año 2000, apenas el presidente Jorge Batlle dijo: “Uruguay, como todas las naciones desarrolladas del mundo, se ha transformado en un país de servicios y estos ocupan un porcentaje cada día mayor de la mano de obra ofrecida”, se desató el histerismo político sindical contra cualquier intención de adaptar la oferta educativa en función de atender a las necesidades del mercado.

Asimismo, resulta llamativo que muchos de quienes argumentan que los cursos a ofrecer en esta zona del país deben estar vinculados, exclusivamente, al relativo desarrollo económico de algunas empresas establecidas localmente y vinculadas al sector productivo forestal (las madereras, por ejemplo), provengan de las mismas filas políticas de quienes se oponían a que la educación generara herramientas para la inserción laboral inmediata.

Muy por el contrario, si el desarrollo tecnológico así lo permite, ¿por qué no pensar en ampliar la oferta educativa, incluyendo otras disciplinas y carreras que -caracterizadas por una fuerte carga teórica-, puedan ser ofrecidas mediante el cursado virtual?; pudiendo incluso viabilizar las fases prácticas, mediante una adecuada articulación con el ejercicio profesional del ámbito privado. Casos que se encuadran perfectamente en esas posibilidades son, por ejemplo, las carreras que administran las Facultades de Derecho, de Humanidades y de Ciencias Sociales.

Si en la década del 70 del siglo pasado fue posible impartir educación escolar y secundaria por televisión y en la del 80, también algún curso universitario, hoy -en pleno S. XXI- no podrían existir obstáculos para traer una mayor y mejor educación a esta zona del país, signada desde hace muchos años por un alto índice de pobreza y analfabetismo.

Este tipo de soluciones, que sin dudas vendrá a ampliar el horizonte formativo de nuestros jóvenes es viable, pues exige más atención y más preocupación, que recursos económicos. Atender las reales necesidades de la gente, y preocuparse por descentralizar administrativamente e integrar educativamente al país, debería ser un desvelo para los gobernantes. Por tanto, corresponde exigirlo y apoyar a quienes lo instrumenten.

La educación es un derecho humano fundamental, y el más importante de los instrumentos para reducir la pobreza, mejorar la salud y desarrollarnos como nación.

Ya no pueden quedar mentes brillantes por el camino, como consecuencia de la falta de oportunidades educativas en el Norte del país que, en definitiva, no se generan por la desidia de los gobernantes radicados en la capital y de representantes nacionales que no le han puesto un poquito de pienso, a un tema tan importante como este.

Es hora de revertir esta situación, y solo falta la voluntad del gobierno de ponerlo en práctica.

Medios y ganas, es lo que sobra.

Dr. Efraín Maciel Baraibar

Fuente: Semanario Búsqueda

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