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Entrevista con Rosanna De Olivera, presidenta del Inisa: “Se hizo un cambio cultural en el instituto”

«La violencia es violencia siempre. Desde una palabra hasta un gesto. Y estaba muy metida. Y quedó claro que iba a ser muy celosa de cualquier acto de violencia entre los adolescentes, entre los funcionarios, entre los adolescentes y los funcionarios. Todos sabemos los videos que han recorrido de las cosas que pasaban gravísimas. Y acá no iba a permitirlo.”

Con el aumento de penas, advirtió que en próximas administraciones se empezará ver en el Inisa «una población que puede tener 24, 25, 26 y 27 años» y se deberá «hacer una nueva propuesta».

Se sumó a Cabildo Abierto para la creación del programa del gobierno, además de que se encargó del vínculo con la prensa. Hoy, al frente del Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente (Inisa), aún no decidió si renunciará de cara a las elecciones. En diálogo con El País, la socióloga destaca de su gestión la reducción de los intentos de autoeliminación y la baja en las horas de encierro de los adolescentes. Y resalta que se cambió la “violencia naturalizada” que existía en el Inisa.

-La Institución Nacional de Derechos Humanos (Inddhh) informó que el 40% de quienes están en el Inisa son mayores de edad. ¿Al cumplir los 18 años u otra edad los internos deberían salir del instituto para pasar a establecimientos para adultos?

-Lo jurídico no es un tema que debamos resolver en el Inisa. Es verdad que tenemos un alto porcentaje de mayores de 18 años. En otros países existen otras opciones pero en Uruguay las personas deben terminar dentro del instituto. La mayoría de los adolescentes ingresan con 17 años.

-¿Creció la población de adultos con las subas en las penas a través de la Ley de Urgente Consideración (LUC)?

-Todavía no nos afecta porque recién van algunos años de su aplicación. Antes había un máximo de cinco años y ahora son 10. Pero sí en las próximas administraciones se va a empezar a visualizar una población que puede tener 24, 25, 26 y 27 años. Para esa situación, el Inisa deberá hacer una nueva propuesta porque de Instituto Nacional Adolescente no va a quedar mucho. En otros países, por ejemplo, pasan a la cárcel de adultos a los 18 años o tienen unos institutos intermedios que van desde los 18 a 25 años.

-¿Para usted cuál es la solución en Uruguay?

-Nos hemos reunido con la Inddhh y vamos a empezar a pensar y proyectar a futuro. Se hará un equipo interinstitucional para evaluar cómo se va a resolver, cómo (la posibilidad de que) Inisa tenga un centro especial. Incluso por el manejo de las personas. Los educadores, para los que creamos la Academia de Formación Continua y Permanente, manejan adolescentes. Pero no es lo mismo manejar un adolescente de 13 años -que son más chicos (en tamaño) y aún no han terminado de desarrollar su cerebro y personalidad- que un adulto que tiene 27 años.

-¿Hay una evaluación del impacto que tuvieron los cambios de la LUC en la población del Inisa?

-Los números del Inisa los maneja un observatorio de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto. Pero el instituto no tiene un sistema de gestión informático, lamentablemente. Se sigue manejando Sistema de Información para la Infancia (SIPI) de INAU, que no está ajustado a las necesidades que tenemos. Sin embargo, he intentado incorporar el sistema del Ministerio del Interior. Ahora estamos de vuelta trayéndolo. Es para cargar los datos desde que el joven ingresa, en las condiciones que ingresa, con una ficha de su nivel de estudio, su entorno familiar, todo su proceso, si cambia de centro…

-¿Hoy no existe?

-Está el SIPI. Pero hay otra información que necesitamos incluso para cruzar variables.

-¿No hay nada centralizado?

-Es muy artesanal. Se hace, sí. Dato uno a uno. Pero hay que tener un sistema informático para hacer políticas públicas en el momento que estamos viviendo. Incluso con el crimen transnacional organizado que lo tenemos ahí… Un sistema que unifique y sistematice los datos.

-Volviendo a la población del Inisa, ¿hay internos extranjeros?

-Hay adolescentes que vienen de Brasil y pertenecen a bandas muy grandes y pesadas como Os Manos o Comando Vermelho. En 2022 tuvimos 10. Nos cambia porque vienen con un idioma distinto, sin documentos, sin nada… Vienen como llegaron.

-¿Cómo se trabaja con ellos, sabiendo que fueron parte del crimen transnacional?

-Formalmente no tenemos nada porque ni siquiera tenemos información. Estamos tratando de cruzar algunos datos con el Ministerio del Interior.

-¿El Inisa no cruza datos con el Ministerio del Interior?

-No. Hasta ahora no hemos cruzado. Pero el otro día tuve una reunión importante en el ministerio para comenzar a hacerlo. A veces uno siente que va corriendo desde atrás.

-¿Los menores que vienen de Os Manos y Comando Vermelho son alojados en algún centro especial?

-En general, los perfiles son adolescentes que se comportan muy bien. Son muy tranquilos, no generan inconvenientes. Pero tienen, de repente, cinco sicariatos o delitos gravísimos. Y tienen ocho o nueve años.

-Al principio de la gestión tuvo algunas complicaciones con su relación con la representante del Partido Nacional en el directorio, Sandra Etcheverry.

-Soy una persona que no pongo lo político por encima de lo institucional. Para mí es muy fácil ir a un directorio porque todas las propuestas que llegan de empresas, de otros organismos o las que generamos nosotros, si son buenas para los funcionarios o para los adolescentes, mi voto siempre va a ser positivo. Y en ese sentido, también con respecto a los funcionarios. Para mí son buenos o malos. Pero no hay ninguna otra caracterización o prejuicio o intención que pueda tener sobre ellos. A mí eso no me tiene que importar y no me importa. Y este es un directorio colegiado que todas las decisiones pasan por allí y las decisiones se votan por mayoría.

-Llegó al cargo a través de Cabildo Abierto. ¿Cómo es el vínculo con Guido Manini Ríos? ¿Reporta de manera fluida?

-Reporto a él. Estamos cada uno metido en sus temas. Entro acá y me olvido… Cuando salgo a la calle digo “estoy de vuelta en la vida”. Es una institución muy demandante. Todo el tiempo se resuelven problemas. Todo el tiempo. Y es una tarea 24 horas, siete días a la semana. Me voy de acá (edificio del Inisa) pero el celular sigue. Soy una presidenta que, desde el principio, dije a todos los directores que quiero estar al tanto de todo.

-¿Por qué?

-A veces me daba la sensación al principio de que no me enteraba de muchas cosas. Siempre estoy, no me salgo nunca de los grupos (de WhatsApp). Me da mucha responsabilidad tener 300 adolescentes. No siento como si fueran 300 hijos pero casi. Son vidas de adolescentes que están en el sistema y quiero saber todo lo que está pasando. Y es un asunto que nos ocupó mucho porque era una institución con una violencia naturalizada.

-¿En qué sentido?

-No solamente en los centros sino que también en la jurídica. Leía un expediente y decía: “¿Y no va a pasar nada con esto?”. “No, porque eso pasa siempre”, (recibía como respuesta). No, no. Pasaba siempre. No va a pasar más. La violencia es violencia siempre. Desde una palabra hasta un gesto. Y estaba muy metida. Y quedó claro que iba a ser muy celosa de cualquier acto de violencia entre los adolescentes, entre los funcionarios, entre los adolescentes y los funcionarios. Todos sabemos los videos que han recorrido de las cosas que pasaban gravísimas. Y acá no iba a permitirlo. Y eso es otra cosa que creo… No voy a decir que no pasa -se pelean en un liceo, en una escuela, en la calle, en todos lados, porque la violencia está en la sociedad- pero en el Inisa se ha entendido que esta administración no iba a aceptarlo. He hecho denuncia yo misma. Me llegaba información y hacía denuncias penales que entendía que correspondía.

-¿Por violencia dentro de Inisa?

-Sí. Hace tiempo. Al principio.

-¿Hoy cuántos sumarios tienen abiertos a funcionarios por golpizas?

-No lo tengo el número. Pero no ha habido.

-¿No es un problema?

-No. En esta administración golpizas, no. Fue una transformación. Son procesos que llevan un tiempo.

-¿Se hizo un cambio cultural?

-Sí, se hizo un cambio cultural. No sé si se terminó porque siguen ingresando adolescentes que tienen la violencia incorporada. Es la única forma que conocen de resolver los problemas. Nosotros tenemos un equipo de mediación que trabaja muy lindo. Cuando hay un conflicto entre adolescentes, los sentamos a los dos, se les habla. Es un trabajo que lleva un tiempo. Vos le contás a ella por qué tuviste determinada actitud, ella te cuenta cómo se sintió, por qué le dolió, por qué se puso a llorar o por qué te respondió de tal manera. Firman un compromiso de que eso no va a volver a suceder. Es un trabajo que está muy bueno y creo que ese es el camino.

Foto: Estefanía Leal/El País

“La seguridad pública está bastante mal”

-Se votó la Rendición de Cuentas. ¿Hubo un retaceo de recursos por tratarse de personas privadas de libertad?

-Creo que no. Sería poco inteligente, porque nosotros somos seguridad pública. Y la seguridad pública está bastante mal. Entiendo que se debe atender.

-¿La seguridad pública está mal?

-La seguridad pública es un tema que hay que resolver. Si ves lo que está pasando en otros países de América como Ecuador, y no quiero ir a El Salvador, tenemos que estar en alerta porque las bandas de narcos están infiltrándose en el Estado. He participado en varios congresos internacionales, y he tenido la oportunidad de intercambiar con personas que están en cargos similares a los míos. Por ejemplo, una persona de Honduras nos decía que existen pandillas y maras… Acá todavía no tenemos. Y nos decían cómo operaban. Los captan a los adolescentes, los suben a un auto, los hacen bajar y matar a un señor, un niño y después de que asesinó a tres sos “nuestro”.

-¿Dice que puede suceder acá?

-Nosotros no estamos fuera del mundo. El Estado uruguayo es fuerte pero hay que estar atentos.

-Desde el Ministerio de Interior se ha afirmado que se han bajado la mayoría de los delitos. ¿Igual percibe que la seguridad pública está mal?

-Digo que uno ve lo que pasa en el vecindario. No estamos en una burbuja. Tenemos una democracia sólida, que eso es importante. Y un Estado fuerte, porque es por ahí que entran. Hay que estar intercomunicados. No tenemos un sistema de gestión ni cruzamos los datos con el Ministerio de Interior. Tendríamos que estar cruzando ya hace miles de años los datos con el Ministerio de Interior.

Logramos cerrar un centro muy cuestionado”

-¿Cuál es la situación de la infraestructura?

-De los 13 centros, los siete que están en Colonia Berro son casonas del 1900. Tenemos un plan de obra de arquitectura. Las que hemos hecho son todas con el Ministerio de Transporte y Obras Públicas. No se pueden hacer todas al mismo tiempo. Se realizan de una o dos al mismo tiempo. En tres años y medio no puedo arreglar 13 centros de un día para el otro, porque no es magia.

-De los 13, ¿cuáles son los más críticos?

-Los que están en Colonia Berro. Son siete. El centro Ser o MD lo cerramos este año. Fue un proceso que comenzó por febrero o marzo. Ahí estaban los mayores de 18 años con perfiles complejos.

-¿Y ahora dónde están?

-Hicimos un proceso donde se distribuyeron a los otros centros. Un proceso de vínculo y de trabajo con el adolescente. Y se incorporaron lo más bien. En la gestión anterior se intentó cerrar varias veces. Es más, se cerró y se volvió a abrir al tiempo porque no pudieron sostenerlo. Es una buena noticia el cierre porque fue un centro muy cuestionado. Todos pidiendo el cierre. Las ratas estaban en la comida porque había un problema estructural debido a una cañada que tenía detrás. Ahora estamos empezando la obra en El Hornero de Colonia Berro, un centro abandonado pero tiene una muy buena estructura y se puede reacondicionar.

FUENTE: El Pais.

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